Nochevieja Universitaria: lo que Salamanca presta.

Lo que Salamanca presta.

Piara de impresentables acaudillada por nuestro alcalde, Don Alfonso I de Barceló, prostituyendo hasta a la rana de la fachada por un sobresueldo. Sinvergüenzas, oportunistas y demás patrocinadores que han usurpado y corrompido actos universitarios que iniciaron jóvenes sin más objetivo que despedir juntos el año. Manada etílicamente trastornada de paletos destrozando -literal y metafóricamente- una Ciudad Europea de la Cultura, y dejando a los universitarios locales a la altura del primer hielo del cubata. Mafia del garrafón contando las consumiciones vendidas mientras sanitarios cuentan las inyecciones de B12 administradas. Policía obligada a derramar botellas confiscadas por las calles so irónico pretexto de que el botellón ensucia la ciudad.

Permítanme que exprese mi desaprobación y cabreo con la panda de proxenetas culturales que, no contentos con dejar que la actividad cultural se evapore, han preferido invertir fondos en un macrobotellón que en subsanar la situación de aquello que lleva vertebrando a nuestra ciudad durante casi ocho siglos: La Universidad.

Pero lo que realmente enerva es la impotencia con la que los residentes de Salamanca contemplamos, impávidos y resignados, como una de las ciudades con más historia de España se convierte en un burdel de carretera. La indiferencia con la que hemos pasado de ser una ciudad conocida mundialmente por ser Patrimonio de la Humanidad a ser famosa por las intoxicaciones etílicas y los “buah tío, vaya noche: me follé a una encima del capó de un coche”.

Tenéis suerte de ejercer tras la impunidad de un país culturalmente apático y tristemente acostumbrado al cambio de cualquier celebración por una buena juerga. Donde cualquier excusa es buena para echarle mano al morado. Donde la jarana nos hace olvidar en qué manos estamos.

Concluyo diciendo, de parte de la reputación de los estudiantes, de los vecinos que esa noche no podrán dormir, de los que sufrirán el vandalismo en sus negocios y domicilios, de los sanitarios desbordados, de los servicios de limpieza, de la parte sensata de la Comunidad Universitaria, de Unamuno, de Fray Luis, de Fernando de Rojas, de Francisco de Vitoria, de Cervantes y de puta la rana de la fachada: métanse el calificativo “universitaria” de sus chanchullos por donde les quepa.

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