Influencers, eridosis y vecinas del cuarto.

Hace unas semanas se desató la polémica a través de una story en la que una influencer hizo un unboxing con un antibiótico. La gente con ciertos conocimientos sanitarios puso el grito en el cielo. Y con razón.

Después de investigar un poco en la fauna influencer encontré que este tipo de comportamiento no es algo extraño dentro de las llamadas blogueras: algunas actúan en las redes como una “vecina del cuarto”, esa que le recomienda medicamentos (que no sabe ni pronunciar) a medio barrio. Con la diferencia de que en este caso el alcance se mide en miles (o millones) de personas.

Además, cuando los sanitarios les advertimos de que este tipo de recomendaciones son un peligro para la salud pública, la respuesta que solemos encontrar es un “visto”, bloqueo o, en algunos casos, burla y desprecio. Un comportamiento arrogante de quien está endiosado por su número de seguidores y no es capaz de asumir un error y rectificar. Todo vale.

Desde las farmacias estamos viendo, y cada vez más, un aumento en la demanda de medicamentos “prescritos” por la bloguera de turno, la cual suele tener los conocimientos sanitarios justos para ponerse una tirita. Y de las que ya vienen cortadas.

Si bien estos casos se han hecho especialmente famosos tras las recomendaciones de Eridosis – que son unas toallitas impregnadas de eritromicina (un antibiótico) que algunas recomiendan como un cosmético más – otros medicamentos tampoco están exentos de ser recomendados alegremente por estas blogueras.
Analgésicos, benzodiazepinas (una comparaba los efectos del Frenadol con el Orfidal), antivíricos, ranitidina para esos fines de semana locos … ¡Y hasta colirios para el glaucoma! Que algunas utilizan con fines cosméticos. Otras han preferido, modestamente, limitarse a dar consejos sobre productos sanitarios: recomendar Clorhexidina como sustituto del cepillado de dientes.

Como todos sabemos esto de las redes sociales consiste en un intercambio de información así que algunas de ellas también piden consejos a sus seguidores sobre qué medicamentos tomar. Dejando alegremente, por ejemplo, el tratamiento de sus hijos en manos de una encuesta de Instragram.
Pero no todo va a ser la ardua labor de informar a la población sobre salud, no: también hay momentos de diversión. Como, por ejemplo, hacer cosas propias de un niño de cinco años como rociar la cara a una amiga con un corticoide por hacer la gracia.

Recordemos que, cuestión ética aparte, según la legislación, está prohibida la promoción del consumo de medicamentos que requieran receta obligatoria. Y que, antes de dejarse aconsejar por un influencer, bloguera o vecina del cuarto, tenemos una amplia variedad de profesionales sanitarios a los que acudir en caso de duda. Como su farmacéutico.

Recopilacion de blogueras del cuarto

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