A vueltas con la mascarilla

Tenía pensado escribir una entrada hablando de moda y mascarillas: de cuáles son las combinaciones perfectas para lucir un outfir ideal en cada ocasión, jugando con los colores como si fuera un complemento más.
Me iba a poner a ello, lo juro, cuando una seguidora me envió una captura de pantalla de un conocido programa de Cuatro en la cuál aparecía un tal Chicote (periodista, no cocinero) diciendo que las farmacia nos estamos haciendo de oro con las mascarillas y que en China se compran por unos céntimos. No es la primera vez que escucho algo así.

Aparte de olvidar el hecho de que las mascarillas que venden en farmacia tienen certificados, una trazabilidad (sabemos que han sido correctamente fabricadas, transportadas y vendidas) también se olvida con frecuencia la diferencia entre mascarilla quirurgica e higiénica: la segunda es de tela y cuesta poco fabricarla, la primera es un producto sanitario.

Las farmacias se están haciendo de oro, sin embargo los supermercados, las ochocientas tiendas que las venden, las ochocientas marcas que las fabrica y la vecina del quinto (que tiene su propia línea), no. Esos no ganan nada: sólo las farmacias.

Porque, ya sabéis, la mala es la farmacia de tu barrio que lleva volviéndose loca desde marzo, buscando proveedores que garanticen mascarillas con certificados de calidad a un precio asequible. La farmacia de tu barrio que aguantó diariamente durante meses la frase «¿Tenéis mascarillas?» en bucle centenares de veces (sí, las he contado) con infinita -y habitual- paciencia. La farmacia que te explicó cómo ponértela, cómo quitartela y que lleva bajando el precio de las mismas en función de lo que le cobra el proveedor durante todo este tiempo.

Programa de Cuatro mascarillas

Pero solo ganan las farmacias. Que son malísimas.

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